Machin

La adecuación que Pablo Machín ha realizado en el Girona para la primera división ha permitido al técnico soriano encaramarse, por méritos propios, al escalón de los entrenadores más cotizados de la élite del fútbol español. La clave ha sido su tacto para hacer convivir a los futbolistas que él, con gran acierto, ha considerado los más adecuados para rendir en la máxima exigencia. Su criterio ha sido claro: hacer sistema dando espacio a sus futbolistas de mayor nivel.
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Para ello ha ido estructurando sus piezas de forma muy coherente. Stuani, Maffeo y Aday o Mojica han sido decisivos para que la idea haya conseguido alcanzar una versión tan competitiva. Los jugadores alejados de la zona interior son los que han dado espacio a un cuarteto que ha sido el alma del equipo, y que ha necesitado el trabajo de esas tres piezas para que todo haya fluido de forma tan sobresaliente. Pons, Granell, Portu y Borja García han terminado de definir a un equipo mucho más enfocado a las acciones en campo rival que a la defensa del propio, algo relevante teniendo en cuenta la condición de recién ascendido.

La adaptación de Machín a sus futbolistas ha nacido de la naturaleza de los mismos. Todos los jugadores de medio campo hacia delante de ese 3-4-2-1 están más cómodos ejecutando acciones cerca de portería rival, así que la agresividad a la hora de recuperar la pelota y las transiciones vertiginosas han sido, en la medida de lo posible, el guión a seguir. En ese sentido la figura del uruguayo Stuani ha sido absolutamente capital, ya que ha condicionado la forma de atacar y ha sido un recurso clave para adaptarse la presión que el rival podía ejecutar.
La línea de tres zagueros del Girona y por supuesto, contar con jugadores de gran soltura en lo técnico como Pere Pons y Granell en el doble pivote han permitido limpiar los primeros pases cuando el contrario ha sido agresivo en su intención de robo, pero Machín ha sabido leer cómo dividir esas salidas con envíos directos sobre el delantero uruguayo, buscando ganar la segunda jugada gracias a la actividad en ese aspecto de Borja García y Portu. En campo rival, las parejas que los carrileros y los mediapuntas de banda conseguían realizar en los carriles exteriores ha llevado al equipo a centrar limpio, lo que ha resultado oro para Stuani, uno de los mejores cabeceadores de la liga.
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Esa referencia lejana de Stuani y la amplitud de los dos carrileros ha permitido a los jugadores interiores un aire que a la postre ha sido vital. La simple posibilidad de pase en largo sobre el uruguayo ha facilitado un espacio para la posible recepción interior de Portu y Borja, mientras que la exquisita zurda de Alex Granell activaba también con precisión milimétrica el cambio de orientación sobre Maffeo o el envío profundo al otro sector, donde Aday y Mojica han ido intercambiando titularidades. Ese triángulo formado por los carrileros y el punta ha permitido al Girona ser un equipo amplio, vertical y profundo.

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